Cuántos de nosotros no hemos fantaseado alguna vez con la posibilidad de realizar nuestro trabajo cómodamente sin salir de nuestra casa? Nos ahorraríamos todo ese tiempo inútil que muchas veces invertimos enfrascados en el transporte público o en esos interminables atascos para llegar a nuestro puesto de trabajo. Sin duda, parece evidente la larga lista de ventajas que acompañan a esta modalidad laboral y que hacen que resulte una opción más que atractiva para muchos de nosotros: flexibilidad horaria, conciliación familiar, ahorro económico ante la ausencia de desplazamiento, no ver la cara a tu jefe o a ese compañero de trabajo que no soportas…

Desde hace ya varios años se viene hablando cada vez más del teletrabajo o “trabajo a distancia”. A raíz del avance tecnológico que se produce continuamente en nuestra sociedad parece que el teletrabajo constituye una realidad que cada vez se impone con más fuerza. Las redes sociales se han encargado de confirmárnoslo y, a menudo, de proyectar una determina imagen sobre lo que significa poder trabajar desde casa o desde cualquier otro lugar del mundo.

Sin embargo, aquellos que nos dedicamos a realizar nuestra labor profesional a distancia —o aquellos que han tenido la oportunidad de experimentarlo durante una temporada—, sabemos que a veces la realidad puede distar mucho de esta imagen idílica. Paradójicamente, no resulta complicado tener la sensación de sobrecarga o de que se está trabajando mucho más que cuando se hace de manera presencial. A menudo el trabajo desde casa se puede convertir en sinónimo de horarios interminables y una lista inacabable de tareas por hacer. Todo ello suele despertar una serie de emociones que nos resultan desagradables —frustración, ansiedad, culpabilidad— y que hacen que nos podamos llegar a sentir tan “quemados” o más que en un puesto de trabajo presencial. Pero ¿por qué sucede esto?

Por una parte, el hecho de contar con un proceso de adaptación a esta situación resulta clave para minimizar el impacto psicológico que este cambio supone en la manera de trabajar y en nuestra rutina. Esto es algo que muchos de nosotros hemos podido experimentar recientemente debido a la crisis sanitaria que se está produciendo a raíz del COVID-19. Esta situación ha hecho que muchos trabajadores se vieran en la situación de desempeñar su trabajo desde casa prácticamente de un día para otro, sin que se proporcionen los medios y las pautas adecuadas para ello. Esto favorece que muchos de nosotros nos veamos abrumados por la situación y que no gestionemos de manera satisfactoria este cambio.

Por otra parte, trabajar desde casa implica un alto nivel de autorregulación por nuestra parte. La autorregulación hace referencia a un conjunto de procesos psicológicos complejos que nos permiten gestionarnos de manera eficaz a distintos niveles: emocional, cognitivo y conductual. La autorregulación está estrechamente vinculada con la motivación, por lo que nos permite enfocarnos en una meta y poner en marcha las acciones y recursos necesarios para alcanzarla.

Detrás de este proceso de autorregulación se encuentran aspectos tales como: nuestra capacidad para establecer metas y expectativas; nuestra capacidad para trazar un plan y seguirlo; nuestra capacidad para evaluarnos, redirigir nuestra atención y replanificar nuestras acciones cuando la situación lo requiera; nuestra capacidad para experimentar una sensación interna gratificante al conseguir alcanzar nuestro objetivo… Estos aspectos dependen en buena medida de nosotros mismos, por lo que es algo que se puede aprender, entrenar y desarrollar a lo largo de nuestras experiencias vitales.

El objetivo de este artículo es proporcionar una serie de recomendaciones pensadas para minimizar el estrés que puede suponer enfrentarse al teletrabajo por primera vez y que a la vez permitan desarrollar nuestra capacidad de autorregulación.

Por tanto ¿qué es lo que podemos hacer para gestionar mejor esta situación?:

  • Mantener la rutina de higiene y aseo que seguiríamos si tuviéramos que acudir presencialmente al trabajo. Con frecuencia cuando trabajamos desde casa decidimos hacerlo desde la comodidad de nuestro pijama, ya que consideramos que precisamente esta es una de las ventajas del teletrabajo. Sin embargo, es importante realizar una mínima rutina de higiene y aseo personal ya que de esta manera indicamos a nuestro cuerpo que nos estamos preparando para trabajar. Esto facilita que nuestro cuerpo entre “en modo trabajo”. Evidentemente esta rutina puede ser más laxa que cuando vamos a acudir presencialmente a nuestro puesto de trabajo, pero es positivo que interioricemos este pequeño ritual antes de trabajar por la razón expuesta.
  • Delimitar tu espacio de trabajo y hacer un buen uso de este. Al instalar nuestro puesto de trabajo desde casa corremos el riesgo de que invada nuestro espacio personal y de desconexión. Por ello es importante que decidamos qué espacio es el que vamos a utilizar para trabajar y que lo respetemos. Es decir, ese espacio lo usaremos únicamente para trabajar y para ninguna actividad más. Si no disponemos de mucho espacio dentro de nuestra casa, podemos establecer un escritorio o mesa como nuestro lugar de trabajo. De esta manera favorecemos la desconexión mental cuando no hacemos uso de ese espacio de trabajo y, además, favorecemos nuestra productividad cuando hacemos uso del espacio destinado a trabajar.
  • Marcar objetivos realistas. A menudo nuestra autoexigencia nos juega malas pasadas, por ello es imprescindible marcarnos unos objetivos realistas y ajustar nuestras expectativas a ellos. De lo contrario, tendremos más posibilidades de incumplirlos y de que aparezcan emociones y sensaciones como la frustración, preocupación excesiva o la culpa con las que es difícil lidiar. Podemos ayudarnos planificando objetivos diarios y semanales y tratando de ordenarlos en función del grado de importancia o urgencia.
  • Delimitar tu horario de trabajo. Ante la flexibilidad horaria que nos proporciona en muchas ocasiones el trabajo desde casa es habitual que surjan dificultades para establecer y cumplir un horario de trabajo. En esta situación es habitual caer en algunos de los 2 extremos que se van a comentar. En un extremo tenemos la “procrastinación” o postergación continua de las tareas que resultan más aburridas o complicadas, ya que podemos acogernos fácilmente a la creencia de que “ya las haré más adelante” o “tengo tiempo de sobra para hacerlo”. Este aspecto se puede ver potenciado estando en casa ya que es muy probable que siempre tengamos tareas domésticas por realizar y que nos servirán como distractor de nuestras obligaciones laborales. En el otro extremo tenemos los horarios de trabajo interminables. Si somos personas muy perfeccionistas es fácil que caigamos en este extremo convirtiéndonos en “nuestro peor jefe”. Por ello, es importante delimitar nuestro horario de trabajo y comprometernos a seguirlo.
  • Utilizar estrategias que nos ayuden a concentrarnos. Existen muchas técnicas distintas que pueden ayudarnos a mejorar nuestra concentración y a cada persona nos puede servir una distinta (por ejemplo, técnica Pomodoro). Sin embargo, antes de empezar a trabajar es una buena idea comprobar que tenemos todo lo necesario ya en nuestra mesa de trabajo para realizar esa tarea. De esta manera evitamos interrupciones en mitad de la tarea que dificultan nuestra concentración.
  • Aceptar que no puedes llegar a todo. En ocasiones no seremos capaces de hacer todo lo que nos habíamos propuesto en nuestra lista. Esta situación es normal ya que a veces no calculamos bien el tiempo que nos llevará realizar algunas tareas puesto que es algo que no se puede prever al 100%. En otras ocasiones, simplemente sucede que no habremos sido tan productivos porque hayamos tenido un mal día o por cualquier otro motivo. En estas situaciones es fundamental comprender que no siempre vamos a ser capaces de llegar a todo y que no siempre vamos a ser capaces de mantener el mismo nivel de rendimiento, y NO pasa nada por ello. No tenemos la obligación de cumplir siempre con todo, ni de ser perfectos. Por eso es importante que nos demos permiso a nosotros mismos para fallar o para bajar la revoluciones. De lo contrario es fácil caer en la espiral de la culpa.
  • Mantenerte en contacto con la realidad. Como ya se ha comentado en puntos anteriores, es frecuente que al trabajar desde casa este aspecto pase a ocupar una parte importante de tu día a día. A la larga, esto hace que otras facetas igualmente importantes en nuestra vida (ej.: familia, pareja, amigos…) se vean descuidadas. En ocasiones, cuando tomamos conciencia sobre ello y ya es demasiado tarde. Hemos perdido amistades o no nos sentimos tan cómodos como antes a la hora de relacionarnos. Por ello, es importante mantener contacto con nuestra realidad y dar el peso necesario a cada una de estas facetas con el fin de mantener el equilibrio en nuestras vidas.

Estas son algunas de las recomendaciones que creemos importantes a la hora de afrontar el trabajo desde casa. Esperamos que te sean de utilidad si actualmente te has visto en esta situación o si desde hace un tiempo notas que tu productividad ya no es la misma que antes.

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