En éste artículo encontrarás una nueva estrategia del TALLER ONLINE “CÓMO CALMAR TU MENTE DE LAS PREOCUPACIONES” .

En el anterior pudimos trabajar sobre la primera estrategia: LA RESPIRACIÓN. 

Si estás leyendo este artículo seguramente seas una persona que se esfuerza mucho en conseguir que las cosas salgan bien, o una persona que tiene la sensación de que son pocas las cosas que le salen como le gustaría, que normalmente no queda satisfecha con el trabajo o al menos no para hasta que siente que está “TODO bien”…

Quizá eres una persona que se siente insegura, que no termina de tener la sensación de que lo que hace es suficiente y que incluso habiendo terminado las cosas aún hay algún resquicio o temor de que no esté correcto, ¿verdad? Si miramos a tu historia seguramente comprobemos que son muchos los logros que has conseguido o que lo que has logrado lo hiciste bastante bien. Quizá tu percepción es que son pocas las cosas que has conseguido o no demasiado importantes.
A lo mejor eres de esas personas que posponen muchas de las cosas que desean hacer. Quizá el pensamiento: “ya lo haré después cuando tenga el tiempo suficiente” te suene. O es probable que cuando tienes algo que hacer no te pongas a ello hasta que tienes la sensación de que podrás terminarlo TODO.

Seguramente en alguna que otra ocasión te has pillado con la necesidad de parar por completo porque literalmente NO PUEDES MÁS. Pensamientos del tipo: “necesito una semana de vacaciones tras todo lo que he hecho” o “me iría durante un tiempo y desaparecería para poder relajarme” han aparecido en tu mente en algún momento.

Si te sientes identificado con alguno de estos aspectos posiblemente seas una persona con tendencia a la exigencia. Las situaciones que anteriormente he descrito están muy asociadas a los pensamientos “DEBERÍA”

Tengo, debo, no debería, tendría que, debería de…son pensamientos extremos, exigentes e inflexibles.

Todas las personas nos ponemos normas para poder funcionar en nuestro día a día. Hay muchas cosas que podemos hacer, muchas de ellas muy interesantes, otras son mensajes que provienen de nuestro trabajo, la sociedad en la que vivimos, nuestras familias o creencias que nos transmiten sobre cómo deben de ser las cosas o deben de funcionar y es muy positivo utilizar el debería para, de alguna manera, priorizar unas cosas sobre las otras en este mundo.

El deber nos dice que ha de ir primero ya que si no lo hacemos es posible que haya consecuencias. El deber nos ayuda a evitar muchas de esas consecuencias: “debo ponerme el cinturón de seguridad ya que si no lo hago podré lesionarme si mi vehículo colisiona contra otro coche, perdería puntos del carnet o incluso podría llegar a morir” El deber nos ayuda a hacer las cosas, a actuar con eficacia, con rapidez, a obtener los resultados de manera casi inmediata e incluso a obtener resultados brillantes ya que el deber funciona desde la exigencia, la presión. Nos empuja a actuar “si o si”. Nos obliga a tener que hacer las cosas y de esta manera es bastante probable que lo logremos.

El verdadero problema llega cuando el deber pierde su función. A veces nos exigimos o nos presionamos ante demasiadas cosas. Incluso nos exigimos ante determinadas situaciones que simplemente son cosas sin importancia y sobretodo, NO TIENEN CONSECUENCIAS GRAVES: “debo hacer la cama antes de irme, tengo que ir al gimnasio, debería de haber hablado mejor delante del novio de mi amiga, tendría que estar haciendo algo productivo, debería haber sacado un 10 en el examen, no debería tener dudas en mi trabajo, no debería cometer errores…” y un sinfín de imperativos.

Cuando nos exigimos demasiado en nuestro día a día, en las tareas cotidianas, en la educación de nuestros hijos, como parejas, hermanos, estudiantes o cuando nos exigimos que nuestro trabajo siempre sea siempre perfecto, el no cometer errores, o no nos pasamos el tener fallos, dudas, el “meter la pata” en ciertas ocasiones, o en nuestras relaciones sociales, el ser siempre amables, generosos, etc., estamos siendo IRRACIONALES.

La exigencia en su justa medida es muy buena, pero cuando rozamos los extremos es perjudicial y desadaptativa.
Muchas de nuestras preocupaciones surgen a raíz de la exigencia, de nuestras normas, de nuestros deberías y ahí es cuando surgen nuestros pensamientos negativos.
Entramos en un círculo vicioso en el que no dejamos de preocuparnos por aquello que no nos salió bien, o por aquello que aún no terminé y debería de haberlo hecho y todo esto nos genera niveles de ansiedad y angustia muy altos que retroalimentará nuestras preocupaciones.

No necesitas exigirte tanto. No tienes que ser PERFECTA/O porque, ¿sabes qué? Seguro que te lo habrán dicho más de una vez y hoy te lo recuerdo: LA PERFECCIÓN NO EXISTE. Y si no existe no pretendas alcanzarla.

RELÁJATE, NO NECESITAS HACERLO TODO PERFECTO.

RELÁJATE, NO NECESITAS HACERLO TODO PERFECTO.

A continuación te propongo que trabajes sobre algunos aspectos con tareas que te ayudarán en ese objetivo que venimos trabajando: CALMAR NUESTRA MENTE.

1. Observa lo que haces:

La primera forma de poder dejar de exigirte es darte cuenta de dónde lo haces, en qué situaciones. Durante un día apunta TODO lo que hagas. Puedes parar a escribir cada hora o dos horas desde que te levantes y con detalle escribe cada acción que hayas realizado hasta ese momento. Te ayudará a observar en qué inviertes tu tiempo y al final del día reflexiona sobre si son cosas realmente imprescindibles o si te cargas por el contrario en exceso.

2. Observa cómo te hablas:

Si, es importante que te cerciores de cuál es tu discurso interno. Trata de pillarte en todos los “debos” que aparezcan por tu mente: tengo que, debo de, no debería, no tendría que… Anótalos para traerlos a la conciencia.

3. Sustituye los debo, tengo por me gustaría, preferiría, hubiera deseado…:

Éstos son pensamientos mucho más realistas y beneficiosos. Te ayudarán a percibir la realidad de un modo mucho más objetivo y a mantener a raya tus emociones.

4. Renuncia a alguna tarea:

Trata de dejar de hacer alguna de las cosas que hayas llevado a cabo durante el día que anotaste lo que haces (preferiblemente un día de entre semana). Seguramente muchas de las cosas que escribiste las has convertido en obligaciones siendo en realidad cosas que te gustan o que deseas hacer. Pero el simple hecho de querer hacerlo SIEMPRE TODO o en el mismo día acaba convirtiéndolo en una obligación. O sino, ¿por qué hay tanta gente que se autocastiga por no haber ido al gimnasio un día? Nadie nos obliga a ir pero en cambio cuando algún día no le ha dado tiempo porque estaba cansado o haciendo otras cosas su discurso interno es: debería de haber ido. Proponte una o dos tareas de las que hay en tu lista y deja de hacerlas durante un día o incluso una semana, renuncia a ellas (no te digo que no vayas a trabajar, pero si que quizá renuncies a hacer tu solo el trabajo, delega algo en tus compañeros, por ejemplo). Que no lo hagas no supondrá una consecuencia GRAVE, solo será INCÓMODO para ti pero has de pasar por ello para conseguir la calma.

5. Haz una lista con las cosas que sientes que te exiges:

Ir siempre bien vestida, ser buen padre, no gritar nunca a mis hijos, llegar siempre puntual, sacar siempre mi trabajo a tiempo, no enfadarme, no sentirme mal, no tener ansiedad, no estar triste o enfadada, ir todos los días a correr, hacer la cama antes de irme, comer siempre saludable… lo que sientas que te exiges. Escríbelo en una hoja.

6. Renuncia conscientemente a alguna de las cosas de tu lista.

No podrás SIEMPRE hacerlo todo bien. No podrás SIEMPRE llegar puntal porque habrá imprevistos y aunque pudieras, ¿para qué sirve realmente que te lo exijas? Llegarás pronto la mayor parte de las veces, pero el día que surja algo que se escape de tu control (un atasco) posiblemente no lo toleres y te frustres más de lo esperado. Es importante que aceptemos que hay muchas cosas que se escapan de nuestro control Y NO PASA NADA. Renuncia conscientemente a alguna de tus exigencias.

Te propongo que lleves a cabo durante una semana estas recomendaciones y tareas. Reflexiona sobre hasta qué punto te exiges hacer las cosas bien o si realmente no pasa nada si no lo logras. Tolera el ser una persona IMPERFECTA porque aunque creas que no buscas la perfección cuando te exiges y no aceptas que las cosas no salgan según tu plan seguramente estés intentando caer en ella.

Renunciar a exigencias, cambiar tu discurso interno y ser más flexible te ayudará a calmar tus pensamientos y tu angustia en numerosas situaciones.

Me encantaría conocer tu experiencia. Puedes escribir en los comentarios y si sientes que necesitas más ayuda no dudes en ponerte en contacto con nosotros.