Zig Ziglar dijo muy sabiamente : “La persona más influenciable con la que hablaras todo el día eres tú mismo. Ten cuidado entonces acerca de lo que dices a ti mismo.”

Nos exigimos, luchamos batallas contra nosotros mismos, nos presionamos, nos criticamos, nos castigamos cada vez que comentemos un error…

Ciertamente en consulta una de las cosas que más observo es lo poco compasivos, comprensivos, amorosos, amables y cuidadosos que es la gente consigo misma. Esto se observa en terapia pero con que escuchemos por un momento el discurso que cada uno tiene cuando habla  de sí mismo es fácil detectarlo.

No nos pasamos NI UNA. No aceptamos los errores como parte del proceso, no comprendemos que tomamos decisiones que, si, a veces cuando ha pasado tiempo miras atrás y compruebas que esa decisión no te trajo consecuencias positivas, si. Pero eso es normal! SOMOS HUMANOS

No vamos a conseguir siempre caerle bien todo el mundo, ni conseguiremos siempre resultados perfecto, ni nos saldrán siempre bien todas las cosas o todas las decisiones que tomemos serán siempre las más adecuadas, es verdad, pero ¿sabes que? es momento de empezar a aceptar esa idea porque sino… siempre vivirás desde la frustración de no aceptar certezas, de no aceptar circunstancias naturales en el ser humano y en la propia vida.

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Cada vez que tomas una decisión te acercas un poquito más a tus objetivos.

Ten en cuenta tus circunstancias en ese momento, cómo te sentías, las razones que te llevaron a hacerlo de ese modo, las herramientas que en ese momento tenías…

Eres un todo, no te reduzcas a un mero resultado.

Recuerda: con lo que tienes, con lo que sabes, con lo que en ese momento puedes ACTÚAS. Ten amor hacia ti y compréndete.

Tenlo siempre presente.
Las decisiones que tomas y las cosas que haces siempre se podrían haber hecho de otra forma, pero ¿y qué? La realidad es que si en ese instante decidiste eso es porque en ese momento sentías que tenía que ser así y de nada servirá la culpa o el autorreproche.
Ten paciencia y acepta tus decisiones e incluso tus propios errores. No se crece desde la caña sino desde el amor.