El estrés es una  respuesta que nuestro propio organismo creó para poder ponernos a salvo, para protegernos.  El estrés no es algo negativo. El estrés es una reacción a nivel físico, emocional y cognitivo que nos protege.

El estrés en un primer momento nos invita a resolver un problema  o  situación,  dándonos la oportunidad de poner en marcha nuestros recursos personales, fortaleciendo nuestra seguridad y aumentando las probabilidades de éxito.

Es una respuesta que se ha dado desde nuestros antepasados. Cuando tenían que luchar contra leones y ponerse a salvo o poder cazar para alimentarse, o incluso cuando tenían que batallar y crear un plan de acción.

Muchas personas consideran que algo estresante debería de ser algo negativo, pero esto no siempre es así, ya que un mismo suceso no es igual de estresante para unas personas u otras.

La persona ante una situación externa hace una valoración subjetiva de la dificultad que dicha situación presenta y a su vez evalúa sus recursos personales para poder hacerle frente. Nuestro cuerpo cambiará si analizamos la situación como amenazante o difícil dando una respuesta de estrés, por ejemplo: Si voy andando solo por la calle de noche y hay alguien que se aproxima hacia mí y pienso que viene a robarme, mi frecuencia cardíaca aumentará, mis músculos se tensarán, comenzaré a sudar y a respirar rápidamente… pero también si un aficionado al fútbol está viendo un partido importante y el equipo contrario está a punto de marcar un gol su cuerpo reaccionará de forma muy parecida al ejemplo anterior ya que es una situación que le genera estrés.

¿Qué influye en que una persona de o no una respuesta de estrés ante la misma situación?

Existen una serie de factores que determinarán que alguien de una respuesta o no de estrés ante un acontecimiento de su vida.

  • La manera de evaluar lo que sucede y los recursos personales que interpreto que tento para poder hacerle frente:

Por ejemplo, para una persona, que le echen de su trabajo puede suponer una verdadera amenaza pero para otro puede ser un reto personal para desempeñar una nueva acción.

  • La forma de enfrentarse a las dificultades:
  • NEGAR EL PROBLEMA: pudiendo mantenerlo llegando incluso a agravarlo.
  • PROCRASTINAR SU RESOLUCIÓN: lo que aumentará considerablemente las sensaciones de ansiedad y sentimientos de culpa al no hacerme cargo de ello.
  • TRATAR DE ESCAPAR Y EVITARLO A TODA COSTA: algo que no siempre será efectivo ya que hay situaciones que no puedo evitar de por vida.
  • PONER EN MARCHA MECANISMOS DE AFRONTAMIENTO Y RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS: algo que sin duda, generará resultados muy distintos, aumentando la probabilidad de éxito.
  • Apoyo social del que disponga la persona: las personas que me rodean y sirven de apoyo podrán servirme de ayuda pudiendo recurrir a ellos para resolver aquellas situaciones potencialmente estresantes. La persona que no disponga de una buena red social de calidad, podrá caer más fácilmente en respuestas de estrés ante su vida.
  • Personalidad y características individuales: Cada individuo “carga su propia mochila”. Algunos son más emocionales, otros con cierta tendencia a la obsesión, más introvertidos, etc… No somos iguales y tenemos nuestra propia historia llena de experiencias, vivencias, modelos de aprendizaje y creencias que influirán innegablemente en nuestra respuesta de estrés.

Existen situaciones que por supuesto son potencialmente estresantes y pueden dañar el bienestar de una persona, independientemente de que sean o no positivas o negativas:

Un cambio vital, el nacimiento de un hijo, la pérdida de un ser querido, cambios laborales… pero también, los pequeños cambios diarios serían potencialmente generadores de estrés, pudiendo alterar más gravemente la salud de la persona, al ser diarios y frecuentes.

Hay veces en las que es muy difícil o imposible eliminar las fuentes de estrés, pero lo que si podremos será aprender estrategias de afrontamiento y adaptación.

Lazarous y Folkman en 1986 definían estrés como el resultado de la relación entre el individuo y el entorno. Evaluando aquel como amenazante, que desborda sus recursos, debido a la presencia de demandas de tareas, roles interpersonales y físicos y pone en peligro su bienestar.

Es decir, la persona evalúa la situación a la que se enfrenta como significativamente amenazante (lo sea realmente o no) y valora sus recursos personales para hacer frente a dicha situación como insuficientes, por lo que, inevitablemente sentirá en peligro su bienestar emocional.

La realidad es que un poco de estrés en nuestra vida, no es malo. El estrés como he dicho es una respuesta natural del organismo que en sí misma nos da fuerzas y energía para responder a las demandas diarias. Un poco de estrés es bueno porque te mantiene en alerta pero cuando es excesivo nos bloquea,  se ponen en marcha los distintos sistemas del organismo para hacer frente al peligro: sistema endocrino, sistema simpático, etc. que agota nuestros recursos y desgasta nuestra salud física y mental.

Es muy importante que aprendas a manejar todo el estrés que sientes porque además de frenar todas las consecuencias que genera, podrás poner en marcha la parte del cerebro más racional (neo-cortex) que te ayudará a poder tomar las decisiones más correctas según cada situación.

Por suerte hay una buena noticia, Benjamin Libet, neurólogo estadounidense descubrió que existe un cuarto de segundo desde que se da entre lo que ha sucedido y el impulso de reacción que darás ante esa situación. Es decir,  la neurociencia revela que tenemos un cuarto de segundo mágico durante el cual podemos rechazar un impulso emocional destructivo, esa parte más impulsiva que en ocasiones nos lleva a no buscar soluciones adecuadas ante las situaciones de nuestra vida, pudiente por ello, en ese cuarto de segundo extraordinario, elegir afrontar de una forma positiva y adecuada la situación.

No obstante, existen estrategias que podrán ayudarte a prevenir el estrés antes de que suceda, y a gestionarlo una vez haya aparecido que vamos a ir viendo en los siguientes artículos.

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