¿Alguna vez te has sentido culpable de algo? ¿Te ha ayudado? ¿Fue agradable?

En este post, vamos a desgranar poco a poco el por qué la culpa es uno de nuestros grandes enemigos que nos impide ser felices. Empecemos siendo rigurosos y acudiendo al Diccionario de la Real Academia Española para analizar la definición más refinada de lo que es la “Culpa”:

  1. “Imputación a alguien de una determinada acción como consecuencia de su conducta” Si se trata entonces de una imputación, estamos hablando de una acción. La culpa, por tanto, se hace. Además, la culpa nos sirve como nexo de unión entre una causa (conducta) y su efecto (acción imputada) ¡Qué interesante! Una acción…
  2. “Hecho de ser causante de algo” Esta definición retoma la ley innegable de causa y efecto. Soy causante de haber roto un plato, pero también de haber arreglado la lavadora; soy causante de que mis palabras hieran a mi madre, pero también de que mis abrazos consuelen a mi amiga; soy causante de hacer cosas que provocan otras, pero curiosamente parece que solo si somos causantes de algo negativo, estamos dispuestos a reconocer nuestra culpa.

Del análisis de las dos primeras acepciones de la culpa obtenemos datos muy importantes para ir reflexionando: la culpa se ejerce, no se siente; se es culpable por hacer, no por ser; se une una causa a un efecto, sea cual fuere, sin connotaciones negativas. ¿Por qué entonces sentimos un hecho de forma negativa y paralizante?

  1. “Omisión de la diligencia exigible a alguien, que implica que el hecho injusto o dañoso resultante motive su responsabilidad civil o penal”. El Derecho es uno de los ámbitos en los que más se utiliza la culpa. En el ámbito jurídico, la esencia es precisamente la de imputar una determinada acción que se sale del código normativo de la sociedad a la conducta de un individuo que es declarado culpable y que, como resultado, motiva la asunción de su responsabilidad. ¡Ojo al dato! Ni siquiera en este caso, el “castigo” se asume por el hecho de ser causante de algo (por la culpa), sino porque esa culpa motiva la asunción de la responsabilidad que ese individuo tiene para consigo y para con el entorno en el que vive.
  2. Acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado” Estamos hablando de que la culpa genera sentimientos de responsabilidad. Es decir, como ya se comentó, la culpa no es un sentimiento per se. Ni siquiera, desde el punto de vista psicológico.

Repasando la definición exacta de culpa, habiendo incluido las acepciones más técnicas de la palabra, resulta sencillo empezar a comprender el siguiente paso que es afirmar que sentirse culpable es incorrecto por definición. Aludiendo únicamente a su definición, la culpa debería ser motor de avance y lleva consigo el concepto de responsabilidad. Aunque suene un poco rudo, la realidad es que al paralizarnos con nuestra culpa lo que hacemos es justamente eludir nuestra responsabilidad sobre cada uno de los actos que cometemos.

¿Por qué entonces nos sentimos tan culpables tan a menudo?

Siendo sinceros con nosotros mismos podemos reconocer nuestra tendencia a evitar, precisamente, la asunción de responsabilidades en nuestra vida. Cuando algo en nuestra vida no funciona bien, por mal que nos haga sentir, es mucho más económico, a priori, sentirnos culpables que asumir la responsabilidad que tenemos sobre ese malestar. Hablamos de económico porque la culpa nos requiere menos recursos. Asumir la responsabilidad de nuestra vida y de nuestra propia felicidad no sólo da miedo, sino pereza. Esto supone, asumir el 100% de la responsabilidad en nuestro día a día lo que implica hacer un ejercicio profundo de autoconocimiento y autocrítica constructiva para extraer de nosotros mismo el potencial para transformar todos los aspectos de nuestra vida que nos disgustan. Ese trabajo, no siempre es lo que nos apetece hacer y, en ese momento, el malestar que genera el sentirnos culpables puede compensarnos y resultarnos la mejor opción.

Por último, es importante recalcar que el sentimiento reconocido como “culpa” no es, en realidad, la culpa en sí. Es ese sentimiento de culpa el que nos lleva a un callejón sin salida que sólo nos inutiliza y que nos impide avanzar hacia nuestra felicidad. Como seres humanos que somos, siempre nos equivocaremos y seremos culpables, como agentes causantes de situaciones, de todo aquello que suceda en nuestra vida. Pero resulta imprescindible tener presente que esa culpa conlleva inevitablemente la asunción de la responsabilidad. Es, por tanto, la responsabilidad que lleva a la acción lo que nos empodera y convierte la culpa en trampolín de desarrollo personal.

No querría terminar sin recalcar lo que ya se indicó con anterioridad y es que la culpa, por definición, se focaliza en la acción. Anoto esto porque es demasiado común encontrar personas que se sienten culpables por ser ellas mismas: por ser románticos, por ser inteligentes, por ser sociables… De nuevo, si esos aspectos de tu persona te hacen sufrir y te disgustan, asume tu responsabilidad y atrévete a descubrir la cantidad de matices que tú mismo tienes y que puedes explotar. Si es a otros a quienes les genera malestar tu forma de ser más auténtica, asume tu responsabilidad y decide si lo consideras aspecto de mejora personal o no. Y sobre todo, no asumas la responsabilidad de otros, sobre todo, si eso hace que te vuelvas cada vez más pequeño.

¡Recuerda! ¡Eres culpable de ser feliz y responsable de transformar lo que no te permite serlo!

Si necesitas ayuda para hacerlo y para descubrir tus propios recursos para atreverte a perderle el miedo a asumir tu responsabilidad con tu propia felicidad, no dudes en contactar con nosotras.