Un problema muy frecuente por el que mucha gente acude a consulta psicológica es el miedo a la soledad. En algunos casos en un miedo a no tener pareja, a no tener amigos con los que compartir mi tiempo, a pasar mucho tiempo solo conmigo mismo, a envejecer y no tener a nadie a mi lado… A quedarme solo, SOLO CONMIGO MISMO.

Este miedo, aunque es muy habitual en el ser humano ya que somos animales que necesitamos interactuar y relacionarnos con los demás, puede llegar a ser para la persona incapacitante, generando un gran bloqueo que impide que tome decisiones positivas y actúe en consecuencia, incluso en tareas cotidianas.

Es considerado un miedo irracional ya que la soledad en sí misma no conforma ningún peligro real para el ser humano, pero las personas que lo sufren,  aunque racionalicen y sean capaces de entender que no es peligroso para ellos, llevan a cabo todo tipo de conductas para evitar que se produzca finalmente o, directamente asumen ( aún sin haber ocurrido todavía), que estarán solos el resto de su vida.

Este temor puede llevar a la persona a vivir constantemente desde la posición de víctima y/o indefensión, ya que asume que nunca podrán quererlo, compartir su vida con nadie, encontrar a una persona con la que vivir momentos positivos o simplemente ser aceptado, ya que está muy relacionado con el miedo al rechazo y desaprobación de los demás.

En muchas ocasiones el miedo a la soledad lleva a la persona a involucrarse en relaciones de pareja y/o amistades donde no son respetados sus derechos o valores, existen abusos o maltrato generando en algunos casos una relación de co-dependencia en la que normalmente la persona es consciente del daño que le genera dicha relación pero que por temor a tener que verse solo (o bien arrepentirse o sentirse culpable) no da por finalizada.

Desde niños tememos estar solos. Necesitamos de nuestros padres, los cuales ejercen como fuente de seguridad, apoyo y resolución de conflictos para nosotros desde las primeras etapas de nuestra vida.

La realidad es que en algunas ocasiones muchos niños, durante su infancia no han sido atendidos de forma adecuada por parte de sus padres y se genera una sensación de abandono en el niño e inseguridad que puede acompañarle muchos años de su vida.

O por el contrario, muchos padres sobreprotegen a sus hijos impidiendo que estos hagan las cosas por sí mismos, se equivoquen y comprueben que no pasa nada si las cosas no salen como uno desea, ya que siempre, ante un problema existen soluciones.

Con esto no queremos decir que el único factor que predispone a la persona a sentir miedo a la soledad sea por la educación y afecto que hayan recibido por parte de sus progenitores, pero si es un factor importante a la hora de afrontar dicho miedo en la edad adulta.

En casos extremos, el miedo a la soledad puede generar Autofobia, que es el temor a estar con uno mismo, a estar solo en la vida generando aislamiento en la persona, bloqueo ante nuevas relaciones, depresión, incapacidad para permanecer solo necesitando de la compañía de los demás de forma constante…

Es un miedo irracional porque, aunque estamos en constante interacción con los demás y es algo necesario para el individuo, también debemos aprender a ser independientes y a disfrutar de nosotros mismos y de nuestro propio tiempo a solar, ya que sólo así podremos conectar con una parte esencial de nosotros, que son nuestras necesidades y deseos, y así poder satisfacerlas, asumiendo que todo cambio debe empezar siempre por mi.

Es importante entender que para relacionarnos de forma socialmente hábil y saludable, necesitamos pasar tiempo con nosotros mismos para conocernos, comprendernos y perder el miedo a la soledad.

Si te paras un momento a conocerte y escucharte comprobarás que puedes ser tu mejor amigo ya que solos tú eres capaz de saber qué necesitas realmente y poder ser congruente con lo que quieres alcanzar en la vida.

Si quieres conocer algunos consejos útiles para vencer el miedo a la soledad, puedes hacerlo en nuestro artículo: “Algunos consejos útiles para manejar el MIEDO A LA SOLEDAD (II)