EL PROCESO DE DUELO

La muerte es uno de los sucesos vitales más estresantes a los que un ser humano tiene que enfrentarse a lo largo de su vida. El duelo sería el proceso normal y de adaptación por el que hemos de pasar TODOS tras la pérdida de alguien o algo significativo para nosotros y aunque es algo natural, en algunos casos puede generarnos sufrimiento, bloqueos o desestructuración. Es un momento en el que el sufrimiento puede ser muy intenso y nos generan distintas reacciones que ahora veremos.

Para entender esto vamos a hablar antes del concepto de Estrés.

El estrés o ansiedad es una respuesta de nuestro organismo ante lo que nos rodea o lo que pensamos. Algo estresante no tienen por qué ser algo negativo. La persona ante una situación externa hace una valoración subjetiva de la dificultad que dicha situación presenta y a su vez evalúa sus recursos personales para poder hacerle frente. Nuestro cuerpo cambiará si analizamos la situación como amenazante o difícil dando una respuesta de estrés, por ejemplo: Si voy andando solo por la calle de noche y hay alguien que se aproxima hacia mí y pienso que viene a robarme, mi frecuencia cardíaca aumentará, mis músculos se tensarán, comenzaré a sudar y a respirar rápidamente… pero también si un aficionado al fútbol está viendo un partido importante y el equipo contrario está a punto de marcar un gol su cuerpo reaccionará de forma muy parecida al ejemplo anterior ya que es una situación que le genera estrés.

Ante la pérdida de un ser querido algunas personas, aunque la situación la perciban como dolorosa, son capaces de hacer una evaluación adecuada de sus recursos personales para poder adaptarse a lo que a partir de ese momento tiene que vivir, considerando que pueden hacer cosas para hacer frente a su nueva vida encontrando de nuevo un equilibrio en esa situación. Por el contrario, otras personas, ante esta misma situación dolorosa, harán una valoración de sus recursos personales y ambientales como insuficientes diciéndose frases como: “no puedo con esto, no soy capaz” aumentando de esta manera el sufrimiento, interpretando la situación como amenazante, desplegando las respuestas fisiológicas de su organismo ante el estrés y bloqueando el proceso de adaptación natural del duelo.

Normalmente el proceso de duelo tiene una duración variable en función de cómo la persona se adapte a su nueva situación, acepte su vida sin esa persona y de los recursos personales, sociales y familiares de los que disponga durante ese proceso. De todos modos, los dos primeros años suelen ser lo más dolorosos. Lo esperable es que ese sufrimiento intenso que se da al principio vaya remitiendo y aunque con el paso del tiempo nos pueda seguir produciendo tristeza el pensar que esa persona ya no está con nosotros, la intensidad y duración de la pena no será tan fuerte.

 MANIFESTACIONES DEL DUELO

Es normal que durante el proceso de duelo se manifiesten en nosotros una serie de pensamientos, sentimientos, sensaciones físicas y conductas que por muy extrañas que parezcan durante un tiempo es algo normal.

Veamos algunas de ellas según W. Worden:

  • Sentimientos:

Tristeza, enfado, culpa y auto-reproche, bloqueo, ansiedad, soledad, fatiga, impotencia, anhelo, emancipación, alivio, insensibilidad, confusión.

  • Sensaciones físicas:

Opresión en el pecho, opresión en la garganta, hipersensibilidad al ruido, falta de aire, debilidad muscular, falta de energía, sequedad de boca, vacío en el estómago, sensación de despersonalización.

  • Conductas:

Soñar con el fallecido, evitar recordatorios del fallecido, suspirar, llorar, atesorar objetos que pertenecían al fallecido, buscar y llamar en voz alta.

  • Pensamientos:

Incredulidad, confusión, preocupación, alucinaciones breves y fugaces, sentido de presencia.

 

EL DUELO LÓGICO POR LA MUERTE DE UNA PERSONA QUERIDA SUELE PASAR POR UNA SERIE DE MOMENTOS:

Durante las primeras semanas los supervivientes reaccionan con conmoción e incredulidad. Pueden aparecer reacciones físicas y psíquicas e incluso la negación de lo ocurrido. Es muy corriente sentir enfado también hacia el fallecido “¿por qué me dejas?”. También puede aparecer alivio hacia el fallecido por haber dejado de sufrir, o personal al sentir que era una situación muy difícil de sobrellevar. Surgen sentimientos de tristeza, cansancio, desinterés por las cosas y a veces toda la atención va dirigida hacia la persona querida. Puede costar conciliar el sueño o incluso soñar continuamente con la persona fallecida. Es común creer que en algunos momentos se ve al ser querido. Nuestra propia necesidad de volver a verle junto a los sentimientos de tristeza puede producir alteraciones.

En muchas ocasiones aparecen sentimientos de culpa “no debí de haberle dicho aquello”, “cuando murió estábamos enfadados”, “fui muy hostil con él y no me lo perdono” o incluso del tipo “yo desee que muriera porque estaba sufriendo y ahora no me lo perdono”. Todos estos pensamientos aunque son normales en estas fases no resultan útiles, muchos son infundados y prolongan el dolor. No olvide que la muerte de su ser querido no tiene nada que ver con su deseo.

Desde las tres semanas hasta el año, se revive la muerte intentando encontrarle un significado. Se recuerda al fallecido en muchos momentos. Al principio del segundo año la vida social se vuelve más intensa y la fortaleza personal va aumentando. Empiezan a aparecer los recuerdos más agradables, los momentos vividos de forma positiva y aunque en las fechas importantes pueda volver a revivirse algunos sentimientos de tristeza, la persona comienza a recuperar las ganas de disfrutar, de crear un nuevo futuro y de reorganizar de nuevo su vida.

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