El artículo de hoy es muy especial para mí ya que ha colaborado una persona que acude a consulta conmigo y de la que me siento tremendamente orgullosa. Por lo que espero te ayude, te sirva y te haga ver una parte distinta a los problemas psicológicos, a ciertas enfermedades, o a un proceso por el que estés pasando, ya bien sea una depresión, un trastorno de ansiedad, un duelo complicado, una anorexia, bulimia, fobias, o cualquier situación que te haya hecho sentir emociones que quizá nunca hubieras sentido antes.

Cuando una persona acude a una consulta de psicología para iniciar un tratamiento en muchas ocasiones lo único que desea es que todo lo que siente desaparezca y que logre olvidar muchas de las situaciones que le hicieron sentir triste o le hicieron daño.

Somos muchos los profesionales que creemos que las personas que han pasado por una situación de fuerte dolor e incluso sufrimiento en algún momento de su vida son personas que, tras superarlo, tienen una fuerte sensibilidad ante la vida, fortaleza y  resiliencia y que sin duda “brillan” en su vida.

Algo que nos ayuda a poder vivir en armonía, a sentirnos tranquilos, incluso felices, es tener la capacidad de dar las gracias. Si, he dicho dar las gracias. Pero reflexionado, de corazón, saber darle la “vuelta” a la queja y convertirla en gratitud.

Todo lo que sucede en nuestra vida no es una conspiración del universo contra nosotros. Ante todo tenemos la capacidad de darnos cuenta de la cantidad de cosas maravillosas que tiene la vida, o incluso el propio dolor puede traernos cosas buenas y positivas. No se trata de buscar el dolor para sentirnos bien, se trata de aprender de el y saber reconocer su “regalo”.

El siguiente texto que vas a tener la oportunidad de leer es “un regalo”. Es persona libremente ha decidido aprender a buscar el otro lado a su dolor, a su proceso de cambio y me parece una maravilla poder compartirlo contigo hoy.

Si estás leyendo esto sería muy positivo para ti, que escribas después sobre qué cosas estás tú agradecido/a, independientemente del momento en el que te encuentres. Siempre hay razones, créeme.

“Desde aquí te doy las gracias por servir de ejemplo para tantas y tantas personas.”

ME SIENTO AGRADECIDA

Muchas veces damos cosas por hecho, cosas que tenemos diariamente, que siempre están ahí, y que, por supuesto, suponemos normales.

Otras muchas veces, por la situación o el momento, no somos capaces de apreciar esas cosas sencillas, esas pequeñeces que dan esencia a nuestra vida.

Debería ser trabajo diario para todos sentarnos todos los días y pararnos a pensar en esas cosas, en las más sencillas e incluso en las más pequeñas e inmateriales que nos dan ese valor añadido, ese pedacito de felicidad diario, aunque en ocasiones no seamos conscientes.

Qué maravilla es dedicarse ese tiempo, darnos permiso para parar y respirar un poco de aquello de lo que nos sentimos realmente agradecidos.

En primer lugar, y por ser lo que ha marcado mis dos últimos años, quiero declararme AGRADECIDA de mi enfermedad. Y si, agradecida en mayúsculas, en negrita y en subrayado, porque hay veces que sin pedirlo ni quererlo nos plantamos en situaciones que a priori concebimos insostenibles, imposibles.

Hacer frente a esas situaciones cambia tu vida por completo, sin darte cuenta y sin, por supuesto, estar preparada para ello.

Todas esas situaciones no dejan de ser clases magistrales de la vida, asignaturas pendientes a superar y en las que te encuentras siempre en primera fila.

Suena un poco duro e incluso masoka si me apuras. Pero yo tuve una nueva oportunidad, el 21 de febrero de 2016, la vida me brindó un nuevo capítulo en mi historia, o mejor aún, una nueva historia.

Comenzar una nueva vida partiendo de tan abajo parece muy complicado, pero echando un vistazo a atrás, es algo increíble.

Cuando comenzamos nuestra primera vida, de bebés, se podría decir que más bien la comienzan por nosotros.

Comenzar la vida con 20 años, sin embargo, es muy diferente. Somos nosotros los que definimos y luchamos lo que queremos, somos nosotros los que tuvimos que caer tanto para darnos cuenta de que algo no iba bien. Por supuesto nunca me faltó una mano para ayudarme a levantarme, pero el dolor y las consecuencias de la caída eran solo míos, y con ello, la responsabilidad de levantarme.

Partiendo de todo esto, he de decir que me siento agradecida de la vida, así, en general. Con sus cosas buenas y sus cosas malas, con sus subidas y sus bajadas, y sobre todo, y más importante, me siento agradecida de con quien la comparto.

Soy consciente de lo raro que puede resultar sentirse agradecida de algo malo, de algo que te ha hecho daño, a ti en primera persona, pero, además y por consecuencia, a todos los que están a tu alrededor.

Y ahí te das cuenta de que el problema nunca es realmente el problema, sino cómo decidimos gestionarlo y con qué parte de él nos queremos quedar.

Porque como dice Melendi “no siempre es mejor lo bueno, ni lo malo lo peor”.

Me siento agradecida por haber conseguido sacar de mis peores momentos las mejores enseñanzas. Porque a todos nos asustan un poco los cambios, o más bien, lo que nos asusta es la incertidumbre de si podremos hacerles frente y adaptarnos a ellos.

Yo he aprendido que cada cambio es un nuevo comienzo, cada despedida un nuevo viaje y cada caída una nueva oportunidad para empezar a subir.

Leo y releo las líneas que voy escribiendo y cualquiera diría que ha sido fácil, que llegar a estas conclusiones viene dado. Y aunque muchas veces me lo parezca sé que no fue así.

Por eso me siento, también, agradecida de mis recuerdos, de poder cerrar los ojos y trasladarme a momentos que ya han pasado, incluso con tanta fuerza que puedo volver a sentirlos, a darles vida de nuevo en mi cabeza.

Me gustan los recuerdos. Los alegres y los tristes. Me dan fuerza y me ayudan a saber que nunca he dejado de caminar y de ser consciente del camino. Que no siempre vamos en línea recta, y que no por eso vamos mal, que muchas veces nos perdemos y que eso no quiere decir que no vayamos a llegar. Porque esa es otra de las cosas por las que me siento agradecida, porque mi vida, mi camino, siempre será mío y la dirección y el sentido siempre estará en mi mano.

Siempre me ha gustado pensar que quien tiene un recuerdo tiene un tesoro. Un pedacito de la vida almacenado en nuestra cabeza, guardado ahí para recordarnos, de vez en cuando, todo lo que hemos pasado. Las personas que estuvieron, las que se quedaron y las que se fueron. Los momentos que ponen nombre a nuestras cicatrices, y que son demostración viva y en esencia de que todo lo que llega también pasa.

Nos enseñan que nosotros también nos fuimos, también dejamos atrás personas y lugares y que por duro que pareciera en ese momento aquí estamos, de pie, caminando y en busca de todo lo que está por llegar.

Por eso, también me siento agradecida de todas las personas que me hicieron daño, las que se fueron cuando todo iba mal y las que se alegraron de mis caídas.

Todas y cada una de ellas me enseñaron la cara B de la película, la que nadie cuenta, o la que nadie quiere escuchar.

Me ayudaron a comprender que hasta lo imprescindible puede llegar a sobrar, y lo inolvidable puede ser olvidado, o por lo menos, superado.

Me enseñaron a quererme, a mí en primera persona y en primer lugar, a valorarme y a ver que mi felicidad es mía y nunca tuvo que depender de nadie más.

Cuando aprendes eso consigues separar lo importante de lo meramente prescindible. Consigues cambiar el punto de vista, la perspectiva. Y te das cuenta de que hay quienes siempre estuvieron ahí, quienes no se asustaron de tus miedos, quienes te ayudaron a levantarte o incluso se sentaron contigo cuando faltaban fuerzas.

Siempre estuvieron ahí, curando heridas y enseñándome a superar las que vendrían, porque si, es inevitable, siempre habrá nuevas heridas. Siempre habrá nuevos miedos y problemas a superar, y por eso me siento agradecida de tener, siempre, con quien afrontarlos.

Mi FAMILIA, mi definición más exacta e inamovible de felicidad, de apoyo y de superación. Mi más sentido agradecimiento a la ayuda más real y desinteresada.

Al cariño más sincero y a la unión más fuerte e inseparable.

Porque, por supuesto, estoy agradecida de la vida que me han dado, pero sobre todo y más importante, me siento eternamente agradecida de las incesantes ganas de vivirla que cada día, en cada momento y con cada gesto, me dan.

Siempre he sido, soy y seré un pedacito de ellos, porque siempre, aunque a veces no haya sido consciente, caminaron a mi lado, mi vieron caer rompiendo todas las expectativas, llorar hasta las lágrimas que ya no me quedaban, pasaron conmigo mis peores momentos y fueron protagonistas de los mejores.

Porque nunca pidieron explicaciones, porque supieron comprenderme incluso cuando yo no era capaz de hacerlo. Confiaron en mi contra todo pronóstico y sobre todo, y más importante, me ayudaron a encontrarme, a saber quién soy y el valor que tengo.

Por todo esto, y por todo lo que esté por venir, me declaro agradecida de ser quien soy, y de todo y todos los que han hecho posible que lo sea.

Siempre, con mis virtudes y mis defectos, estaré agradecida de ser y estar donde me encuentre en cada momento, porque siempre hay motivos, siempre hay razones, siempre hay personas.