Nuevo año, nuevos propósitos. Cuando comenzamos ciclos nuevos tenemos la tendencia de planificar nuevos retos, nos da seguridad, nos trae calma y hace que tengamos ilusión. Pero ojo, si no sabemos como gestionarlos de forma adecuada pueden ser la causa de muchas emociones incómodas como son la frustración, la culpa, la pereza…

Recuerda: PUEDES HACERLO TODO, PERO NO TODO A LA VEZ.

Es fantástico que tengas una lista de nuevos objetivos pero tenemos que contemplar una serie de cosas para así evitar las posibles consecuencias negativas.

El siguiente artículo escrito por Belén Lozano, psicóloga de En Madrid Psicólogos podrá ayudarte mucho a tener éxito a la hora de alcanzar en tus nuevos propósitos.

conseguir objetivos

“SI PUEDES SOÑARLO, PUEDES HACERLO”

WALT DISNEY

 

El comienzo de un nuevo año suele ir acompañado de intenciones para iniciar proyectos, dejar hábitos nocivos, mejorar algún aspecto… Esos objetivos que nos planteamos conseguir son los llamados “propósitos”. Algunos son viejos conocidos y no es la primera vez que aparecen en nuestros pensamientos: nos han acompañado varios años en el mes de enero, desvaneciéndose en febrero y dejándonos sentimientos de frustración y fracaso.

Pese a nuestra motivación inicial, no siempre somos capaces de cumplir nuestras aspiraciones. Aunque planteárnoslo es el primer paso, para aumentar las probabilidades de lograrlo se requiere diseñar un plan y llevar a cabo diferentes estrategias que favorezcan su cumplimiento. Al conjunto de maniobras que podemos poner en marcha para favorecer la ocurrencia de la conducta deseada las denominamos “estrategias de autocontrol”.

En el instante en el que elaboramos nuestros propósitos, mostramos una elevada motivación inicial. En esos momentos solemos pensar que nuestra “fuerza de voluntad” será suficiente para mantenernos en el camino hacia la meta. Cuando vemos a alguien que deja de fumar o que ha perdido peso, solemos pensar “¡qué fuerza de voluntad!”, pero, sin embargo, en la mayoría de los casos, estas personas, aun sin darse cuenta, habrán llevado a cabo tácticas para mantenerse en momentos en los que la motivación no  haya sido suficiente. Estas estrategias son entrenables y depende de cada uno de nosotros el llevarlas a cabo o no.

Vamos a ver lo que podemos hacer para favorecer el alcanzar nuestra meta.

  1. Define tu objetivo. A menudo utilizamos enunciados demasiado vagos como “mejorar mi inglés” o “ponerme en forma”. Trata de concretar qué es lo que quieres conseguir, de forma que sea objetivable y medible. Un ejemplo podría ser “conseguir un título de B2 de inglés”. Además, el objetivo debe ser realista ya que, de otro modo, por mucho que hayamos generado un cambio, aparecerán sentimientos de frustración a causa de la diferencia entre nuestras expectativas y la realidad. Así, si nunca hemos estudiado un idioma, no sería realista proponernos conseguir un nivel avanzado en ese año.
  1. Divide tu objetivo en pasos. Desmenuza tu meta en todos los pasos o subobjetivos que tienes que conseguir hasta alcanzarla. Para ello, es mejor empezar por el final e ir hacia atrás, pensando qué paso sería justo el anterior al final; después, cuál precedería a este, y así sucesivamente. Es recomendable crear, aproximadamente, diez escalones. En el caso que hemos mencionado podríamos establecer la siguiente estructura:
  • Meta o nivel 10: obtener un título B2 de inglés.
  • Paso 9: Preparar el examen durante tres horas a la semana.
  • Paso 8: Apuntarme para la realización del examen.
  • Paso 7: Ir a grupos de conversación en inglés los sábados por la tarde.
  • Paso 6: Leer un libro en inglés.
  • Paso 5: Ver series y películas en inglés.
  • Paso 4: Estudiar al menos tres horas todas las semanas lo visto en clase.
  • Paso 3: Ir a clases de inglés dos veces por semana.
  • Paso 2: Matricularme en una academia de inglés o buscar un profesor.
  • Paso 1: Buscar academias o profesores de inglés.

 

Después repasamos estas metas desde el principio hasta el final y vemos si hay algún salto demasiado grande entre varias de ellas. Como se puede ver, podríamos incluir más submetas entre un paso y otro; cuanto más concreto lo hagamos, mejor.

Estos escalones son susceptibles de ser modificados conforme vayamos avanzando y advirtamos nuevos pasos necesarios que no habíamos contemplado en un principio.

  1. Programa fechas en las que poner en práctica cada uno de esos pasos. Nuevamente, es bueno empezar por la meta, establecer cuándo querríamos haberla alcanzado y, a partir de ahí, marcar fechas para los anteriores pasos. Es muy aconsejable comenzar con el primero de nuestros pasos lo antes posible; si puede ser, esa misma semana. Dejarlo para más adelante solo favorecerá que ese motor inicial que tenemos, nuestra motivación, descienda. Habrá algunos de ellos que, aunque no estén en las primeras posiciones, podamos ponerlos en práctica desde el primer momento. Por ejemplo, en nuestro caso, podríamos ver películas en inglés desde el día en el que nos lo planteamos.

Además de concretar nuestro objetivo y programar cuándo realizar cada una de los pasos, como decíamos antes, podemos llevar a cabo algunas estrategias que nos faciliten el que sigamos adelante:

  1. Escríbelo en un calendario. De esta manera tendrás, de forma gráfica, siempre presente en qué punto te correspondería estar para lograr tu meta en el tiempo deseado.

 

  1. Prémiate por cada logro alcanzado. Aunque el logro del objetivo sea una gran recompensa, se demora mucho en el tiempo. Para favorecer la motivación, date algún capricho por cada submeta alcanzada.
  1. Contempla posibles dificultades y contratiempos. Es muy probable que nos encontremos con circunstancias que requieran un mayor esfuerzo por nuestra parte. Ten presente que esto puede pasar. Si en algún momento dejas de realizar el programa, no te castigues y pienses que es como no haber hecho nada. Aprendemos de los errores, párate y piensa cómo retomar el plan.
  1. Identifica tus excusas. Solemos atribuir a situaciones o personas no mantenernos en nuestro propósito. Aunque a veces influyen, muchas otras son autoengaños que nos hacemos, ya que es más fácil pensar que no lo llevamos a cabo porque algo externo nos lo impide que porque no ponemos suficiente empeño.
  1. Apóyate en los demás. Cuéntaselo a personas de tu confianza para que te animen y te pregunten por tus avances.

Disfruta del camino hasta llegar a la meta.  Recuerda que la motivación se encuentra trabajando, no esperes a que llegue para empezar a dar el primer paso.